
Mira la luna imaginando lo que querría hacer en ese momento,
estaría sentada en una vieja hamaca,
buscando el aire que le refrescara las calurosas noches de verano.
Encontraría un hombro en el que apoyarse,
para contarle cosas sin sentido con el único propósito de oir una risa y así sonreir ella.
Se reirían de los viejos tiempos,
en los que un viejo ventilador ruidoso les salvaba del calor todas las tardes de verano
y les hacia imaginar la hamaca en la que ahora están balanceándose.
Y así entre calada y calada, risas y mas risas
se quedarían dormidos,
envueltos en el olor que desprenden los naranjos
e iluminados por la luna,
que muchos miran pero que pocos saben apreciar tanto como ellos.
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